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13 dic 2010

MORENTE, OMEGA PARA UN MAESTRO


Paco Ocaña, Julio 2000. (Ciudadela, Pamplona)

Fué el 25 de julio de 2000, "Festivales de Navarra", en la Ciudadela de Pamplona, con las Voces Búlgaras Angelite. Y en su casa, en el Albaicín de "su Granada", como Lorca, de visita con Urko y Ekhi. Y fué en el Auditorio de Barañain, el 25 de septiembre de este mismo año.
Y ya no volverá a ser.
OMEGA
"Se cayeron las estatuas
al abrirse la gran puerta"
F.G. Lorca ("Poeta en Nueva York")
Albaicín. Marzo 2002.
Con Enrique Morente al lado de su casa en el Albaicín, con la Alhambra al fondo. Urko y Ekhi le entregaron al maestro su primer disco, "Zorongo".

9 feb 2009

SONÍOS NEGROS. ("Imagen del cante jondo").


ALBOREÁ



PETENERA


En mitá del olivar

En mitá del olivar,
al cielo le daba gritos
y el cielo sin contestá
.
Antonio Machado y Alvarez,
“Demófilo”

Desde sus neblinosos y confusos orígenes, dentro del magma cultural y social que durante siglos compartieron las diferentes civilizaciones, etnias, religiones y demás grupos humanos que cohabitaron en la península ibérica, el flamenco ha ido bebiendo de todas esas fuentes para ser un arte nacido con vocación universal, que se da a conocer oficialmente en España a mediados del siglo XIX, casi al mismo tiempo que la fotografía.
Se trata de un arte colectivo que se expresa en primera persona y se encuentra a medio camino entre el folklore y la música culta, entre la conservación de viejas esencias y la creación de nuevas formas, entre el anonimato de quienes mantuvieron el flamenco dentro de lo cotidiano de sus vidas y la originalidad creativa de figuras geniales que lo han proyectado al mundo y al futuro. Es un arte en el que, a diferencia de otros, el artista, anónimo o no, grita al cielo su soledad frente a la pena, y espanta sus males cantando o llora sus alegrías a través de un quejío consolador.
En el cante jondo es conmovedora la voz de muchos cantaores, bailaores, músicos y artistas que, sin hacer nuevas creaciones, se ha identificado y reconocido en los cantes, las letras, la forma de bailar de quienes les precedieron, perpetuando así un arte añejo que se ha ido destilando y purificando con el paso del tiempo.
Pero, puesto que el cante jondo no surgió de la nada, no debemos olvidar a aquellas otras personas anónimas que tuvieron la capacidad creadora y la humildad de ofrecer a ese ente sin rostro, el pueblo, la cristalización de sus sentimientos en forma de octosílabos cantados por soleá o de una quintilla escrita para un fandango.
Esas antiguas letras que todavía hoy se siguen cantando son como viejos retratos interpretados en música y verso. Transmitidas por la tradición oral o detenidas en el tiempo, igual que muchas de las coplas y cantares recopilados por “Demófilo”, padre de los poetas Manuel y Antonio Machado, esas melodías y versos son imágenes del sentir de una sociedad, de un pueblo que llora y canta con palabras sencillas y armonías sobrias en acordes, legándonos tanto una literatura de cruda sinceridad que vibra con la belleza de lo que no necesita adornos, como una música que, a pesar de su complejidad rítmica y riqueza formal, contiene siempre el eco del grito, ese ¡ay! telúrico y humano que estremece al que lo escucha, sin atender a su lugar de nacimiento o a la cultura de donde proceda. Miles Davis, Gil Evans o nuestro más cercano Pedro Iturralde lo han comprendido y experimentado a través del jazz..
Las fotografías que componen y se reúnen en estos “Soníos negros” de papel no sólo han registrado las luces y las sombras de este arte. Paco Ocaña, como un cantaor enduendado, nos habla de sí mismo y sus querencias con el lenguaje que conoce, el de la luz y la sombra, a través de otras miradas y expresiones recogidas en unos retratos singulares, actuales y nuevos, pero que parecen venir desde otros tiempos. Agazapado en la penumbra o a cara descubierta, tras la cámara, atrapa la luz de una música y un sonido en el momento mágico de producirse, o nos muestra el sentir de unos rostros que personifican esos cantes iluminándonos durante un instante y esas imágenes nos descubren aspectos ocultos de nuestra propia sensibilidad . Entonces, en ese instante en el que el fotógrafo y nosotros, por una imagen, nos vemos envueltos en la misma luz y la misma música, puede aparecer el duende subiendo “desde las plantas de los pies”, según Federico García Lorca, y producirse la catarsis, esto es, la purificación y liberación de unos sentimientos, como ya otros tuvieron antes y que nos invita a participar en un estado de unión con aquellos que nos precedieron y esos otros que vendrán.
Y, mientras tratamos de reponernos de esa luz que a todos atraviesa como el hilo a las cuentas de un collar, el duende abandona la moderna cámara oscura y desaparece, entre sombras y ecos, para dejarnos solos, y como sentenció “Demófilo”, en mitá del olivar.

Ekhi Ocaña
Profesor superior de música
Junio, 2006




TARANTA

DEBLA

(Revista "Contraluz", nº 17.- A.F.C.N. Agrupación Fotográfica y Cinematográfica de Navarra.)

http://www.fotosyfotografos.com